El tema candente de hoy: ¿Debe dejar que los chiles condimenten sus comidas?

Por Michael Merschel, American Heart Association News

tvirbickis/iStock, Getty Images
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Desde hace miles de años, la gente ha recogido chiles para dotar a sus dietas de un toque de distinción.

No hay duda de que los chiles están repletos de sabor. Además, aportan un poco de fibra sin añadir sal, azúcar, grasas saturadas ni muchas calorías, afirma la profesora Linda Van Horn, jefa de la división de nutrición de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern de Chicago.

En efecto, de acuerdo con el Departamento de Agricultura, un chile rojo crudo de 45 gramos o unas 1.6 onzas, tiene apenas 18 calorías.

Sin embargo, como verdura, los chiles tienen un valor nutricional relativamente bajo, dijo Van Horn. "Ofrecen un poco de betacaroteno, pero nada comparable con las zanahorias".

Es cierto que, onza por onza, un chile tiene más vitamina C que una naranja, aunque esta no es una vitamina de la cual nos preocupemos mucho en Estados Unidos, dijo Van Horn. Incluso en las culturas en las que los chiles desempeñan un papel más importante, otras verduras, como tomates, cebollas, coles, col rizada o espinacas, también pueden ser fuentes alcanzables de ese nutriente.

Si prefiere los chiles en forma de hojuela o en polvo, tenga en cuenta que los alimentos crudos suelen ser más potentes, desde el punto de vista nutricional, que las versiones secas, dijo Van Horn.

Aquí también cuenta la forma de nombrarlos (más sobre esto en un momento). El chile rojo en polvo, o en hojuelas, está hecho de chiles secos. Las hojuelas no tienen prácticamente ningún valor nutricional.

El chile en polvo (en inglés chili powder con "i"), es en realidad una mezcla de chile rojo, otras especias y sal. Por lo tanto, aunque una cucharada sigue aportando betacaroteno (que el cuerpo utiliza para producir vitamina A), este producto también añade 230 miligramos de sodio. La American Heart Association recomienda no consumir más de 2,300 miligramos de sodio al día y un límite ideal de no más de 1,500 mg para la mayoría de los adultos.

La mayoría de los chiles rojos que se cultivan comercialmente son de la especie Capsicum annuum, la cual es muy versátil. Este término latino abarca cientos de nombres comunes, como pimienta de cayena, pero también jalapeños y chiles tailandeses.

Las raíces de los chiles modernos son enmarañadas, con evidencias de que un ancestro común de la planta evolucionó en Sudamérica y luego fue domesticado hace 10,000 años en diversos lugares del hemisferio. Los chiles rojos no se relacionan con la pimienta. Esa confusión lingüística viene de Cristóbal Colón, que introdujo los pimientos o chiles en Europa, de donde se extendieron rápidamente por todo el mundo.

Otro tema candente es cómo se escribe "chile", por lo menos en inglés. El debate podría llenar un artículo entero, pero la última guía de Associated Press, que establece las normas para los periodistas, dice que estas verduras son "chiles".

Lo que realmente arde de los chiles es la sustancia capsaicina, que en realidad no quema, sino que engaña al cerebro para que se tenga esa sensación. Es lo que distingue a un pimiento dulce de un chile picante.

Quizás haga más. En un nuevo análisis publicado en el American Journal of Preventive Cardiology se combinaron los resultados de estudios anteriores sobre los beneficios de la capsaicina y se descubrió que consumir chiles de manera regular se relacionaba con tasas "significativamente" menores de mortalidad general, incluidas las muertes por enfermedades cardiovasculares y cáncer y en comparación con un consumo poco frecuente o nulo.

Sin embargo, esa revisión trató de aprovechar los datos de más de 4,700 artículos científicos, y sólo encontró cuatro que cumplían las normas de inclusión. Los autores informaron que se necesitan más estudios para identificar lo que está sucediendo y el impacto que podría tener añadir chiles a la alimentación.

Van Horn dijo que otras investigaciones han analizado el uso potencial de la capsaicina como ayuda para la pérdida de peso. Pero añadir chiles a un plato Tex-Mex o espolvorear hojuelas sobre el pollo a la naranja no va a servir de mucho, dijo. Comer demasiados chiles, señaló, puede incluso desencadenar una respuesta inflamatoria y problemas estomacales en personas sensibles.

Para ella, la mejor forma de utilizar los chiles es para añadir sabor a cosas saludables que de otro modo no se disfrutarían. Los utiliza regularmente en el guacamole, el guisado de chile sin carne y otros platillos de frijoles.

"En general, los chiles deben ser vistos como saborizantes como el ajo, la albahaca o el orégano que realzan el sabor de otros alimentos pero no son una comida en sí mismos".

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